12/06/2021
36º aniversario de la firma del Tratado de adhesión de España a las Comunidades Europeas
Desde la firma del Tratado de Adhesión de España a las entonces denominadas Comunidades Europeas, nuestro país ha experimentado su mayor periodo de bienestar, progreso y modernidad.
El 12 de junio de 1985 España y Portugal firmaron el Tratado de adhesión a lo que entonces eran las Comunidades Europeas, con un doble acto en Madrid y Lisboa.

En España, el acto de la firma tuvo lugar en el Salón de Columnas del Palacio Real, donde se pronunció un discurso por parte de S.M. el Rey Juan Carlos I y del entonces Presidente de la Comisión, Jacques Delors, entre otros.

Así se culminaba un proceso que comenzó formalmente con la solicitud del Gobierno español al Consejo de Ministros de las Comunidades Europeas el 26 de julio de 1977, bajo la presidencia de Adolfo Suárez. Las negociaciones para la adhesión se abrieron oficialmente el 5 de febrero de 1979 y fueron conducidas por los gobiernos, primero de Adolfo Suárez y después de Leopoldo Calvo Sotelo y de Felipe González.

La rúbrica a la adhesión española en 1985 la pusieron el entonces Presidente de España, Felipe González; el Ministro de Exteriores, Fernando Morán; el Secretario de Estado de Relaciones con las Comunidades Europeas, Manuel Marín; y el Embajador de España ante la UE, Gabriel Ferrán. Posteriormente, las Cortes Generales ratificaron la adhesión por unanimidad y el 1 de enero de 1986 España entró oficialmente a formar parte de la Unión.


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Desde la firma del Tratado de Adhesión de España a las entonces denominadas Comunidades Europeas, nuestro país ha experimentado su mayor periodo de bienestar, progreso y modernidad.

Tres años y medio después de su adhesión -en junio de 1989- España incorporó su divisa nacional (peseta) al Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo. Asimismo, España suscribió en junio de 1991 el Acuerdo de Schengen que supuso la eliminación progresiva de los controles en las fronteras entre Estados Miembros a partir de 1995.

España ha desarrollado un papel activo en la construcción del proyecto europeo implicándose en la implementación del euro y la negociación de los Tratados de Maastricht (1992), Amsterdam (1997), Niza (2001), el fallido Tratado Constitucional (2004) y Lisboa (2009). Del mismo modo, ha venido contribuyendo al desarrollo de políticas con aportaciones sostenidas en ámbitos tan diversos como ciudadanía, política de cohesión, diversidad cultural y lingüística, cooperación judicial o lucha contra el terrorismo, así como llevando su impronta a las relaciones exteriores, especialmente en lo referente a la política orientada hacia Latinoamérica y la ribera sur del Mediterráneo.

España ha desempeñado la Presidencia de turno semestral del Consejo en cuatro ocasiones, dos de ellas (1989 y 1995) durante los Gobiernos de Felipe González; la tercera (2002), con José María Aznar, y la última (2010), con José Luís Rodríguez Zapatero. El compromiso de España con el proceso de construcción europea ha sido siempre muy intenso, al suponer Europa una referencia de libertades y prosperidad para España.


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Al mismo tiempo, Europa incorporó a España a un proyecto de paz y a una verdadera comunidad de valores: el respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho y los derechos humanos son el sello inconfundible del proyecto europeo. 

Asimismo, la Unión Europea ha contribuido a la modernización y prosperidad de España. Así, Europa ha sido clave en la liberalización y apertura al exterior de nuestra economía, lo que ha resultado en un gran crecimiento y en el éxito internacional de nuestras empresas.

Igualmente hay que recordar la política de cohesión económica, social y territorial de la Unión Europea, que ha beneficiado particularmente a España: nuestro país ha sido uno de los principales perceptores de Fondos Estructurales y del Fondo de Cohesión. Conviene apuntar también el fomento europeo de la formación, la educación y la cultura, elementos esenciales para el empleo y el patrimonio cultural común.

Los ciudadanos españoles han recibido las ventajas de la integración que fomenta la Unión. Así, podemos viajar, estudiar, trabajar y jubilarnos libremente en cualquiera de los Estados Miembros de la Unión. 

Algo similar ha supuesto la moneda común, el euro, con los efectos añadidos de una mayor estabilidad monetaria y financiera y una garantía más sólida del poder adquisitivo de los ciudadanos. A lo anterior se añade la constante construcción de un espacio que asegura la libertad, la seguridad y la justicia de los derechos fundamentales, la lucha contra el terrorismo y la delincuencia organizada, la gestión eficiente de los flujos migratorios y las fronteras exteriores y el fomento de la cooperación judicial.
En 2020, la Unión Europea tuvo que hacer frente a la crisis sanitaria provocada por la COVID-19. La Unión y sus Estados Miembros respondieron a la pandemia de forma conjunta y coordinada, teniendo siempre presente el valor europeo de la solidaridad.

Entre las medidas tomadas por la Unión Europea, se acordó un fondo extraordinario de recuperación de 750 000 millones de euros, denominado «Next Generation EU», se coordinaron las medidas con respecto al turismo y los viajes y se coordinó la adquisición de vacunas para que todos los ciudadanos europeos fuésemos vacunados a la vez, independientemenre del tamaño o la riqueza de cada Estado Miembro.

Ahora, la aprobación de los Planes Nacionales de Recuperación y Resiliencia, representa una oportunidad única para promover una doble transición digital y verde, defendiendo y reforzando la cohesión social y territorial en Europa.

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