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  • Política
  • 06/05/2011

Un discurso para la historia

“No es hora de vanas palabras, sino de un acto audaz y constructivo. Francia ha dado un paso adelante, que puede tener inmensas consecuencias; esperamos que así sea. Ha obrado fundamentalmente por la paz (...) Casi exactamente cinco años después de la capitulación incondicional de Alemania, Francia pone la primera piedra decisiva de la construcción europea y asocia Alemania a esta labor. (...) De todo ello nacerá Europa, (...) una Europa en la que el nivel de vida aumentará gracias a la concentración de las producciones y a la ampliación de los mercados, que provocarán un descenso de los precios…”

Con estas palabras, Robert Schuman, Ministro Francés de Asuntos Exteriores, inició una rueda de prensa en el Salón del Reloj del Quai d’Orsay, el 9 de mayo de 1950, en la que dio un discurso histórico, que sería conocido como la Declaración Schuman y que cambiaría la historia de Europa y la historia de las relaciones internacionales.

Con esta declaración Francia tendía una mano a Alemania para construir juntas la paz de Europa e invitaba a otros países a adherirse a este acuerdo. El ideólogo de este plan, Jean Monnet, proponía la creación de una Alta Autoridad formada por representantes independientes, que controlara la producción y distribución del acero y el carbón de los territorios franceses y alemanes. Francia eligió estos dos materiales porque constituían las bases del poder militar y su control común permitiría reducir el riesgo de que Alemania se rearmase.

Desde el inicio de las negociaciones estaba presente la idea de ir más allá y de que esta primera Comunidad fuera sólo el principio de la creación de una gran organización supranacional que uniera a los países de Europa. Pero, Schuman y Monnet, conscientes de la dificultad que suponía el exigir a los Estados que cedieran su soberanía a una instituciones compartidas, hablaron de una Europa que “no se haría de una vez ni en una obra de conjunto: se haría gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”.

Jean Monnet y Robert Schuman eran conscientes de la trascendencia que tendría esta propuesta, que rompía con los esquemas de la diplomacia clásica. Por esta razón, decidieron no proceder a las tradicionales consultas con los servicios ministeriales competentes y rodear al proceso de elaboración de la máxima discreción, con el fin de impedir las inevitables objeciones o contrapropuestas que le habrían privado de su carácter revolucionario y de las ventajas de la sorpresa.

El 9 de mayo por la mañana, en el mismo momento en que el Minsitro francés estaba defendiendo su propuesta ante sus colegas del gobierno, en Bonn un emisario secreto de su gabinete comunicaba esta propuesta en persona al canciller Konrad Adenauer. La reacción de esta último fue inmediato y entusiasta, afirmó en el acto que aprobaba de todo corazón la propuesta.

La Declaración Schuman fue mucho más que un acuerdo de cooperación. En ella el Ministro francés proponía a Alemania y a Francia que administrasen en común sus respectivas soberanías para recobrar juntas la influencia que eran incapaces de ejercer por separado. Invitaba a los ciudadanos europeos no sólo a olvidar el pasado y dejar del lado los rencores de la guerra, sino también a poner en marcha un proceso completamente nuevo en las relaciones internacionales.

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