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  • Política
  • 29/01/2014

Íñigo Méndez de Vigo, sobre Artur Mas: Ha perdido el sentido de la realidad

El secretario de Estado para la Unión Europea (UE), Iñigo Méndez de Vigo, asegura que es totalmente estéril el actual debate sobre una Cataluña hipotéticamente independiente

 

En entrevista exclusiva con EurActiv.es, además de criticar el posible referéndum soberanista catalán, habla con entusiasmo sobre el futuro en común de los europeos y subraya que aunque el bloque no se llame formalmente "Estados Unidos de Europa", la crisis ha obligado a dar pasos de gigante en ese sentido. Y se trata de un proceso irreversible, asegura.

Experto en lides europeas desde su atalaya como eurodiputado con el Grupo Popular (entre 1992 y 2011) y en su posición de secretario de Estado para la UE desde diciembre de 2011, Méndez de Vigo conoce su materia al dedillo, y cada vez que puede hace pedagogía sobre Europa. Y si quedase algún alma euroescéptica sin convertir todavía al credo de la UE, Méndez de Vigo sería uno de los pocos en conseguirlo. La UE es la más hermosa aventura del siglo XX, asegura.

¿Qué opinión le merece el agrio debate sobre la situación de Cataluña en Europa, y en concreto ante el referéndum de noviembre de este año, que incluye una pregunta sobre la hipotética independencia?

La locura es una forma de no darse cuenta de la realidad. Y la realidad es que Europa es una unión de Estados y de ciudadanos. Europa es una comunidad de derecho donde hay que respetar las reglas. Si una parte de un Estado miembro de la UE quiere separarse, lo que tiene que hacer es proceder según las reglas constitucionales. Nadie en Europa para llegar antes a casa se salta los semáforos, porque le multan, y no lo entienden. La pretensión del señor (Artur) Mas de no cumplir la Constitución española no la apoya nadie. Europa nunca podría respaldar el resultado de una secesión unilateral porque ese Estado no sería legal a los ojos de la comunidad internacional y porque el artículo 4.2 del Tratado dice expresamente que la UE considera una competencia exclusiva de los Estados miembro su organización territorial.

El interlocutor ante la UE es el Gobierno de España. Eso es lo que hay, y además no va a cambiar. Intentar explicar las cosas de otra manera es engañarse, es perder el sentido de la realidad. Lo que ha hecho Mas es emprender un camino a base de portazos unilaterales al Gobierno. ¿Qué lectura  habría tenido un acuerdo fiscal con Cataluña en septiembre de 2012? ¡En medio de la crisis económica más profunda de la historia de España! Era, políticamente, imposible. Mas tiene una falta de visión de la realidad monumental. Con una actitud así ¿qué se puede esperar de él? Pues el mismo resultado que ha tenido la carta (enviada el 2 de enero) que mandó a la Comisión Europea pidiéndole apoyo: cero.

La crisis económica está provocando un repliegue de muchos socios de la UE a posiciones nacionales además de un aumento vertiginoso de los populismos y extremismos. Una encuesta conocida hace unos días en el Reino Unido situaba al partido ultraderechista UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido) por delante de los conservadores y de los laboristas...

La democracia europea, a diferencia de las democracias nacionales, es un sistema de consenso y no conflictual. La razón estriba en que no hay un gobierno que derribar. La Comisión Europea no se sustenta en una mayoría que la apoya y en una minoría que quiere desbancarla a toda costa. A diferencia de un gobierno parlamentario clásico, la construcción europea es un proceso en marcha, que tiene acelerones y retrocesos. Lo que me preocupa del auge de partidos populistas y eurófobos es que no entienden ese carácter consensual de la democracia europea sino que introducen el elemento conflictual, por un lado, y por otro lado, son señores que no contribuyen en nada a construir. Son el partido o los grupos del no, del no a todo. Partidos como el Frente Nacional (de Marine Le Pen, que encabeza los sondeos en Francia para las elecciones al Parlamento Europeo de mayo próximo) tienen detrás una vasta historia de oposición por sistema y de no construir nada, sino de derribar. Gente como UKIP no tienen una alternativa, que sería lo deseable o interesante al modelo actual de la UE. Simplemente quieren cargárselo, pero sin embargo son gente incapaz de tomarse un café juntos, resulta paradójico.

Recuerdo que en la legislatura 1999-2004 estos grupos firmaron un manifiesto para tener un grupo parlamentario y yo, por aquel entonces portavoz del Grupo Popular Europeo, lo recurrí. Ellos lo llevaron ante el tribunal de Justicia (TUE), y éste nos dio la razón. Un grupo parlamentario no se constituye para tener facilidades financieras o de otro tipo sino que se forma entre gente que comparte principios y valores. Pero ellos lo único que pretenden es derribar a la UE, que es la más hermosa aventura del siglo XX.

Ya que ha mencionado las elecciones a la Eurocámara de mayo próximo, el fantasma de una bajísima participación -una tendencia reiterada desde las primeras elecciones a esa institución por sufragio universal en 1979- planea ya sobre Estrasburgo...

En primer lugar, quiero subrayar que me parece muy importante que participe el mayor número posible de votantes. La verdad es que sería una paradoja enorme que en el momento en el cual el Parlamento Europeo tiene más competencias (con el Tratado de Lisboa), hubiera menos participación. Cuando yo entré en el Parlamento Europeo, en 1992, la Eurocámara tenía unas funciones esencialmente consultivas. Hoy, el Parlamento Europeo colegisla (mediante codecisión con el Consejo) y tiene una importancia capital. Desde que uno se levanta hasta que se acuesta, estamos regidos por decisiones europeas. Por lo tanto, no participar en ellas es un error, porque sería dejar en otras manos decisiones que afectan enormemente a la vida de los ciudadanos. Pero votar es un derecho, y por tanto quien no quiera ejercerlo, no vota. Los políticos tenemos que hacer un esfuerzo de pedagogía y explicar que no es indiferente votar por uno o por otro. Además, en estas elecciones hay un elemento muy novedoso que es la elección directa del presidente de la Comisión Europea por parte de los ciudadanos. Hay que tener presente que si se registrara una baja participación, eso favorecería a los partidos eurófobos y populistas. Por lo tanto conviene, por muchos motivos, acudir a votar.

¿Los españoles son europeístas simplemente porque saben que Bruselas es una vaca que ordeñar, en cuestión de ayudas y subvenciones o existe un europeísmo racional, convencido? ¿Hay un conocimiento real de qué es la UE?

El enorme cambio que se ha producido para bien en España en los últimos 28 años se debe en gran medida a la UE, porque nos permitió compartir un destino común con los otros europeos, porque nos estimuló a hacer cosas que en otras circunstancias no habríamos hecho. No hay que olvidar la enorme cantidad de fondos europeos que han contribuido a que tengamos la red de tren de alta velocidad más amplia de Europa, la mejor red de autopistas, los mejores aeropuertos....que nuestros agricultores y pescadores hayan recibido enormes ayudas. Cuando uno ve lo que ha significado Europa todos estos años, es claramente un factor de mejora. Además hay muchos buenos ejemplos, tangibles, de los beneficios que ha supuesto la UE: facilidades para desplazarse, gracias a la bajada de precios de billetes estimulada por la UE, la inexistencia de fronteras (espacio Schengen), la comodidad que supone la tarjeta sanitaria europea....eso no son casualidades, eso es Europa. Cuando en los últimos años se ha visto un cierto desencanto respecto a Europa, lo ha sido porque Europa no hace más. En España, a diferencia de otros países, cuando se pregunta a la gente corriente, la respuesta no es que se quiere menos presencia de la UE, sino más. Se trata de un europeísmo racional.

Recuerdo un Consejo Europeo que se celebró en Sevilla en 2002, bajo presidencia española de la UE. Las autoridades andaluzas enviaron la carta de invitación a un acto donde ponía Consejo de Europa (en lugar del Consejo Europeo). ¡El propio protocolo de una autonomía desconocía los términos correctos! En ese sentido, sí, es verdad que muchas veces hay desconocimiento sobre la UE, pero tampoco vamos a exagerar. Cuando se dice que la población no tiene formación sobre Europa, eso es una verdad a medias. Si uno quiere enterarse, al final se entera, aunque no sea materia fácil. Hay que hacer un pequeño esfuerzo. De todas maneras, sinceramente a mí no me parece que sea esencial distinguir entre Consejo Europeo y Consejo de Europa. Eso entra dentro de las complicaciones propias de la jerga comunitaria. Tampoco estoy muy seguro de que la gente sepa cómo funcionan las comisiones de gobierno, por ejemplo, en el ayuntamiento de Madrid.

Se han escrito muchas páginas sobre la brecha democrática en Europa y sobre la enorme distancia entre políticos y ciudadanos... ¿Han mejorado las cosas?

El término brecha o déficit democrático fue utilizado por el Parlamento Europeo en los años 90 para, precisamente, poner de manifiesto que era, en esos tiempos, una institución meramente consultiva. Desde esa fecha se han alumbrado (los tratados de) Maastricht (1992), Niza (2001), Ámsterdam (1997), Lisboa (2007), y los poderes de la Eurocámara han mejorado considerablemente. Hoy prácticamente está en pie de igualdad con el Consejo (jefes de Estado y de Gobierno). Hemos tenido recientemente un ejemplo claro con la aprobación del marco financiero plurianual (2014-2020), en unas negociaciones en las cuales el Parlamento consiguió 13.000 millones de euros más sobre el borrador inicial (el presupuesto de la UE aprobado para el período 2014-2020 es de 960.000 millones de euros en techo de gasto y 908.000 millones en gasto efectivo).

Además, el Tratado de Lisboa contiene medidas enormemente interesantes de participación, como la iniciativa legislativa ciudadana (un millón de firmas pertenecientes a 7 de los 28 Estados miembros pueden presentar propuestas legislativas directamente a la Comisión). También es digno de resaltar el hecho de que los parlamentos nacionales, tantos años ausentes de la construcción europea, hoy tengan un sistema llamado de alerta temprana, mediante el cual estudian todas las propuestas legislativas que aprueba la Comisión para ver si respetan las competencias de cada país miembro. Todo eso sumado, y si comparamos a cómo estaban las cosas en los años 90, la participación ciudadana ha mejorado radicalmente.

A partir de 2020 España dejará definitivamente su lugar como receptora neta de fondos (ahora percibe más de lo que aporta a Bruselas) ¿Cómo valora esa situación, se corresponde con la fotografía real de la economía española?

En estas Perspectivas Financieras España seguirá manteniendo su puesto como receptora de fondos. Ha sido una batalla en la cual pocos creían y que hemos ganado. Es un gran éxito, todo el mundo lo reconoce. En la UE hay un principio fundamental que es el de la cohesión económica y social, que además introdujimos los españoles en los años 90. Eso significa que debes percibir fondos en la medida en que lo necesites y cuando dejes de necesitarlos debes ayudar a quienes les urge más que a ti. Creo que a España le han ido muy bien las cosas. Cuando entramos en la UE (en 1986), la renta media estaba en el 73% del producto interior bruto (PIB) europeo, y hoy se ha colocado en más del 90 %. Es lógico que se nos pida solidaridad, pero siempre en situaciones razonables. No se puede quitar de un día para otro las ayudas a quienes todavía no están del todo bien, es una fase gradual.

A falta de un año para que termine el mandato de la actual Comisión Europea, ¿cree que los dos ejecutivos comunitarios presididos por el portugués José Manuel Durao Barroso (Barroso-I de 2004 a 2009 y Barroso II de 2010 a 2014), entrarán en los libros de historia? Y en ese sentido, ¿siente nostalgia por la Europa de los 80-90, las épocas doradas de la construcción europea, por ejemplo, de Jacques Delors al frente de la Comisión (1985-1995)?

Uno entra en la historia con el tiempo, que es quien juzga. Yo tengo un juicio favorable a la Comisión Delors, pero hay que recordar que la Comisión Delors también tuvo una fase de europesimismo, de euroesclerosis, y que sólo a partir del Acta Única (1986) levantó el vuelo, con el Paquete Delors I  (1988-1992, con vistas al Mercado Interior). Luego, en Maastricht las cosas no fueron tan bien. De hecho, muchos de los males que tenemos ahora provienen de entonces. Todas las Comisiones tienen luces y sombras. La distancia y el tiempo es el que te permiten contemplar y hacer una valoración justa. Creo que la Comisión Barroso ha tenido que afrontar una situación excepcionalmente difícil. Recordemos que Europa estuvo a punto de saltar en pedazos hace un año. Figura en el haber de la Comisión Barroso el haberlo evitado.

¿Nostalgia? Creo que esa no sería la palabra. El elemento clave de la época que usted evoca fue la caída del muro de Berlín (1989). La UE de hoy sería totalmente distinta si siguiésemos en el mundo bipolar, con una Europa dividida en dos. La revolución que supuso aquello trastocó además todos los planes que había. Después del Acta Única estaba la Unión Monetaria, luego hubo que hacer la unión política...Creo que probablemente de las decisiones que tomamos entonces han aparecido algunos de los males a los que hemos tenido que hacer frente ahora. En aquel momento la unión monetaria estaba muy bien ensamblada, muy bien reflexionada, pero no se puede decir lo mismo de la unión económica.

El presidente (del Consejo Europeo) Herman Van Rompuy tiene una frase que a mí me gusta mucho repetir: “nos encontramos, de repente, en medio de una tormenta y cuando hubo que sacar los botes salvavidas nos dimos cuenta de que no había, y tuvimos que construirlos”. Con esta crisis es lo que hemos hecho. Hemos vivido peligrosamente los últimos cinco años. No obstante, lo que hemos progresado en los últimos tres años en materia de integración económica no lo hemos hecho en los anteriores cincuenta, básicamente por la resistencia de muchos Estados a transferir competencias a las instituciones europeas. ¿Por qué se ha hecho? Porque era necesario cambiar el sistema. Algo en lo que creíamos profundamente, como era la solvencia de los bancos centrales, al final no fue así. Y para evitar que eso se reproduzca en el futuro, para restablecer la confianza entre los gobiernos europeos, hemos tenido que establecer una serie de mecanismos que, al final, suponen mucha más Europa.

Si las cosas siguen por este camino, con la crisis económica empujando a muchos Estados miembros a replegarse sobre sí mismos, la propuesta federalista de unos Estados Unidos de Europa, al estilo de Altiero Spinelli (1907-1986), quedará como un bonito sueño de un grupo de idealistas...

El Tratado de Lisboa contiene muchísimos elementos del texto de Spinelli (1984), aunque sí es verdad que finalmente su texto se metió en un cajón, y lo que se aprobó fue el Acta Única.

Recuerdo todavía la intervención de Spinelli en el pleno del Parlamento Europeo rechazando categóricamente el Ácta Única y aludiendo a una bella imagen, inspirada en el cuento El viejo y el mar de Ernest Hemingway (1899-1961). Dijo que lo que había llegado, al final, eran las espìnas del pez, después de aquella dura batalla. Pero se equivocó. El Acta Única fue un acontecimiento excepcional y un avance extraordinario. Muchas veces nos perdemos en diseños y en palabras...y no vemos la realidad. No sé tampoco realmente qué son los Estados unidos de Europa: si alguien pretende asimilarlos a EE.UU, pues eso no se va a producir. Pero en estos últimos cuatro años, consciente o inconscientemente, se ha producido una integración mucho mayor que la que se dio en EE.UU a lo largo de 200 años. Esta es la realidad. La UE no se llama así (Estados Unidos de Europa), pero la verdad es que en Europa se ha producido una integración muy, muy profunda.

 
Texto: Fernando Heller





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