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  • Relaciones Exteriores
  • 05/03/2012

Hablamos de Irán


Inquietos por la inestabilidad de la economía y los ataques de los mercados al euro, los ciudadanos de Unión Europea han hallado en Irán y sus amenazas de interrupción de suministro de crudo una nueva fuente de preocupación.

 


Aunque las relaciones diplomáticas entre Teherán y Bruselas discurren en el filo de la navaja desde hace años, el desencuentro político se ha profundizado en los últimos meses debido, en gran parte, a la determinación del régimen iraní de avanzar en su controvertido programa nuclear. La decisión adoptada en enero de 2010 de enriquecer uranio al 20 por ciento pese a que la adquisición de este combustible para uso civil es un proceso sencillo en el mercado internacional, junto a la de levantar nuevas centrales nucleares soterradas, han azuzado estos recelos. En particular entre Estados Unidos e Israel, que desde entonces se han enzarzado en un combate dialéctico y diplomático que ha disparado la temperatura prebélica en la siempre inestable región de Oriente Medio.

A finales del pasado año, el régimen de los ayatolá respondió con un primer órdago que, pese a constituir una desafío verdaderamente alarmante, tiene escasos visos de ser cumplido. La amenaza de cerrar el estrecho de Ormuz, vía marítima por el que transita una quinta parte del mercado de crudo internacional, supondría un problema mayor para la propia economía iraní, débil y energéticamente dependiente, que tiene en ese corredor la principal puerta de venta del crudo. Además, una audacia de ese calibre supondría un inmediato "casus belli" e incendiaría la región, con los principales países exportadores de petróleo implicados.

Iniciado 2012, Irán ha envidado con una nueva amenaza: el corte de suministro de crudo a los países europeos en respuesta a la nueva ronda de sanciones aprobada por la Unión Europea, y que en principio debían entrar en vigor a partir del segundo semestre del año. De concretarse, la medida afectaría sobre todo a los países del Mediterráneo, donde encarecería la factura energética, ya que para estos estados significa la pérdida de entre un 13 y 14% de sus suministros petroleros. Por contra, apenas tendría efecto en Francia, Alemania y Reino Unido, principales promotores de las medidas punitivas, que solo reciben en torno a un 1% de crudo persa.

La intimidación cobró visos de realidad a mitad de febrero, fecha en la que Teherán convocó a varios embajadores europeos, supuestamente para informarles de la temida interrupción. En verdad, comunicó un cambio estructural en las condiciones de compra de crudo, que han dejado en evidencia cual es el temor real de un régimen que se halla políticamente dividido. Irán busca garantizarse los ingresos por la venta de su bien más preciado y rentable, y asegurarse el cobro de la factura desde las multinacionales europeas. Con una industria petrolera cada vez más obsoleta, que complica y encarece la extracción, y decenas de petroleros cargados de "oro negro" que cada vez necesitan navegar durante más días hasta hallar un comprador, el régimen iraní mira con aprensión hacia su propia economía.

Expertos y analistas coinciden en apuntar que la tensión bélica actual, la incertidumbre y las amenazas de ida y vuelta se prolongarán durante meses. En el interior de la cúpula iraní, algunos de los sectores más radicales defienden que es beneficiosa para neutralizar las disensiones y recobrar la unidad. Desde occidente, algunos actores consideran que, bien al contrario, esa presión puede profundizar la brecha y favorecer el hundimiento del régimen en una era de cambios en la región.

 

 

 

 

 

La publicación de esta información se enmarca dentro del acuerdo entre la Secretaría de Estado para la UE y la Comisión Europea para realizar acciones de comunicación  sobre la Unión Europea.
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