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  • Economía
  • 20/04/2012

¿Arena en los engranajes de los mercados financieros?

¿Debería establecerse un impuesto para gravar las transacciones financieras? Es más, ¿deberían estos movimientos de capital sufragar el presupuesto de la Unión Europea? El dilema, planteado el pasado año por la Comisión Europea, ha terminado por encender un acalorado debate entre los países miembros.




Esta idea abstracta, que se ha materializado poco a poco tras la explosión de la burbuja inmobiliaria y la posterior crisis financiera, es heredera de la nunca aplicada "tasa Tobin", que en los años setenta pretendía gravar las operaciones en los mercados internacionales de cambio. En palabras del propio James Tobin, la idea era “echar arena en los engranajes demasiado bien engrasados” de los mercados monetarios y financieros.

La tasa propuesta el año pasado por la Comisión Europea prevé gravar con un 0,1 % las transacciones con acciones y bonos y con un 0,01 % las operaciones con derivados, es decir, quiere que quienes mercadean con productos financieros paguen por ello.

Se trata de una propuesta modesta, demasiado limitada en opinión de la mayoría de los parlamentarios europeos. A pesar de ello, se ha topado con el rechazo frontal del Reino Unido, que cree que esta tasa perjudicaría a su mayor industria, el imperio financiero de La City londinense. A este frente opositor se han unido posteriormente Suecia y otros países. España, por su parte, se muestra a favor pero se abstuvo de participar en la última reunión sobre el asunto.

Con el objetivo de persuadir a los gobiernos reticentes, la Comisión ha hecho un cálculo de los ingresos que se obtendrían con el impuesto: 81.000 millones de euros anuales. Un tercio de esta cantidad iría a las arcas públicas de cada uno de los países, mientras que los dos tercios restantes se dedicarían a financiar el presupuesto comunitario. Esto, en la práctica, supondría reducir a la mitad la aportación que los socios europeos hacen anualmente a la Unión.

Aun así, Reino Unido no cede ni un ápice y la falta de consenso en una política que necesita unanimidad es lo mismo que condenarla al olvido.

Por este motivo, los ministros de Economía y Finanzas de la Unión decidieron el pasado 31 de marzo crear un grupo de trabajo para buscar fórmulas alternativas o pasos intermedios a su implantación. Trabajarán en una doble vía: por una parte, se mantendrá el estudio técnico de la propuesta de la Comisión, mientras que, por otra, se buscarán posibles alternativas.

Mientras el trabajo del grupo busca sus conclusiones, Francia ha puesto en funcionamiento su propio impuesto financiero, con el que su presidente, Nicolas Sarkozy, pretende demostrar este tipo de medidas no ahuyenta a los inversores para convencer así a sus socios europeos de que den el visto bueno a la tasa comunitaria.

 

 

 

La publicación de esta información se enmarca dentro del acuerdo entre la Secretaría de Estado para la UE y la Comisión Europea para realizar acciones de comunicación  sobre la Unión Europea.

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