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Del Tratado Constitucional al Tratado de Lisboa

 

Tratado de Lisboa

 

La Historia de la Unión Europea no ha discurrido siempre por una senda tranquila. El rechazo al Tratado Constitucional provocó una crisis institucional en la Unión Europea que se ha superado con la ratificación y entrada en vigor del Tratado de Lisboa.

El rechazo de la Constitución Europea en los referendos francés y holandés de mayo y junio de 2005, provocó una paralización en el proceso de ratificación de varios países, a pesar de que la mayoría de los países europeos habían ratificado ya el texto.

Después de dos años de reflexión, y a la vista de que era necesario retomar el impulso europeo que había quedado plasmado en la Constitución Europea, en el último Consejo Europeo de la Presidencia alemana de junio de 2007, se estableció un mandato detallado para la elaboración de un nuevo Tratado antes de que finalizara el año.

Así, el 13 de diciembre de 2007, los Jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la capital lusa, aprobaron y firmaron el Tratado de Lisboa, un tratado que recoge la mayoría de los avances establecidos en el Tratado Constitucional.

Tras un largo y complejo proceso de ratificación, el 1 de diciembre de 2009, el Tratado de Lisboa  entró en vigor. Este nuevo texto “inaugura la nueva Europa del siglo XXI”, y refuerza la democracia, la transparencia, la dimensión exterior de la Unión y la Europa de los ciudadanos a través de:

1. Una Europa más eficaz y transparente, gracias a, entre otras medidas, a la reforma institucional del Consejo, la introducción del sistema de doble mayoría (Estados y ciudadanos), un presidente estable para el Consejo Europeo, un sistema de presidencias más largas, el refuerzo del papel de la Comisión Europea, y el aumento de las capacidades del Parlamento Europeo para votar en igualdad de condiciones con el Consejo.

Por otra parte, es necesario señalar que en el marco de la Unión Europea más eficaz, se ha establecido una mayor visibilidad de los valores, principios y objetivos que rigen la actuación de la Unión Europea, una mayor delimitación y regulación de las competencias de la Unión, así como un pilar único para una Unión con personalidad jurídica propia. 

2. Una unión europea con más derechos para los ciudadanos a través del reconocimiento vinculante de la Carta de Derechos Fundamentales, la apuesta por la adhesión de la Unión al Convenio Europeo de Derechos humanos, y la preservación e impulso del concepto de ciudadanía europea.  

3. Una Unión Europea más legítima y democrática para la que se contará, con la participación de los Parlamentos nacionales en el proceso de toma de decisiones comunitario y el consiguiente refuerzo del principio de subsidiariedad, con la introducción de la prepuesta legislativa ciudadana como símbolo de la democracia participativa (un millón de firmas podrán proponer legislación a la Comisión), la consolidación del método de Convención para el procedimiento de revisión de los Tratados, la doble legitimidad implícita de Estados y ciudadanos, y el reconocimiento de la primacía del derecho comunitario frente al nacional. 

4. Una Unión Europea más presente y visible en la escena internacional mediante, la figura del Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (el llamado Ministro de Asuntos Exteriores en la Constitución Europea), el reconocimiento de la personalidad jurídica de la Unión Europea que facilita la adopción de Tratado con otros países u organizaciones internacionales, y nuevos avances en política de defensa.

El Tratado de Lisboa, será sin duda, un tTratado clave en el devenir europeo, y permitirá su adecuación a la dinámica internacional actual, permitiendo a la Unión desarrollar todo su potencial. 

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