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Veinticinco años de España en la UE

 


        España celebra el 25 aniversario de su adhesión a la Unión Europea. El éxito de esta aventura es incuestionable. Ha permitido a España acelerar su paso a la modernidad, fortalecer su economía y adquirir una mayor relevancia  en el escenario internacional. Sus ciudadanos han adquirido nuevos derechos y un sinfín de oportunidades, para vivir, estudiar o trabajar en cualquiera de los Estados miembros, gozando de los mismos derechos que sus conciudadanos europeos. Este éxito ha permitido que la integración de España en la UE se haya consolidado con los años.


Los primeros pasos

    
        El 28 de julio de 1977, Adolfo Suárez dirigió una carta a Henri Simonet, el entonces Presidente del Consejo de Ministros de la Comunidad Económica Europea, solicitándole la apertura de negociaciones para la adhesión de España a la CEE. Con esta carta, se iniciaba un período de intensas negociaciones que, aunque se puede decir que fueron fluidas y, comparadas con otros procesos de adhesión no fueron especialmente complicadas, no estuvieron exentas de dificultades.

         Probablemente, el obstáculo más difícil de superar fue el llamado “giscardazo”. En el año 1980 el presidente francés, Giscard d’Estaing hizo unas declaraciones ante la Asamblea de Cámaras Agrarias que, si bien no constituyen estrictamente un veto, obligaron a retrasar las negociaciones. D’Estaing, sometido a una fuerte presión por parte de los agricultores del sur de Francia, que se oponían a la entrada de vinos y otros productos agrícolas españoles, proponía una revisión de la Política Agraria Común (PAC). Esto supondría el bloqueo de las negociaciones a lo largo de los siguientes cuatro años. Finalmente, la CEE accedió a revisar la PAC y creó una serie de subsidios para apoyar a los agricultores que se vieran afectados por la comercialización de los productos de los nuevos socios de la periferia europea.


        Con el inicio de la década de los ochenta, llegaría al poder una nueva generación de líderes con una fuerte vocación europeísta, cuyo esfuerzo permitiría allanar el camino para la adhesión de España. Políticos como François Mitterrand, Helmuth Kohl o Felipe González marcarían las directrices de su gobierno con una firme orientación hacia la CEE. Además, esta época coincidió con la presidencia de la Comisión Europea de Jaques Delors, conocido como Monsieur Europe, ya que fue el principal inspirador de los cambios que necesitaba la Comunidad, entre ellos la ampliación y el relanzamiento del mercado único. La nueva coyuntura política permitiría que se desbloquearan las negociaciones. Estos nuevos  líderes serían los artífices de la adhesión de España en 1986, al mismo tiempo que el vecino Portugal.


La mayor operación de solidaridad de la Historia


        Miguel Ángel Benedicto, en su libro “La mayor operación de solidaridad de la historia”, afirma que España se “ha convertido en el país del mundo que históricamente más se ha beneficiado por una corriente de solidaridad proveniente de otros países. Este récord español representa una cifra tres veces superior a lo que supuso el Plan Marshall para todos los Estados beneficiarios tras la Segunda Guerra Mundial”.

        A cambio, España ha tenido que aportar tan sólo el 1,24% de la Renta Nacional Bruta, es decir, unos 100 000 millones de euros al año y, en estos veinticinco años, hemos recibido prácticamente el doble, a través de  los fondos europeos.

        La mayor parte del presupuesto que recibimos, el 80%, está destinado a las políticas comunitarias agrícolas, a través del Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA), y a políticas de acciones estructurales y de cohesión. A través de estos fondos, la UE ha cofinanciado con España proyectos tan diversos como el Ave Madrid-Barcelona, los túneles del Guadarrama, el saneamiento de la bahía de Santander, el Proyecto Museológico para Altamira, el Parque Tecnológico de Andalucía, el metro de Sevilla, el Programa Operativo Doñana, la ampliación de los aeropuertos de Madrid y Barcelona, el Centro Tecnológico de la madera, la recuperación de las fortificaciones de Ceuta o el proyecto Ecobús. 

        Aunque en menor medida, también recibimos fondos sociales destinados a financiar políticas de inserción social, a fomentar la investigación y el desarrollo y a programas de educación, que han beneficiado a más de 16 millones de personas. Los principales beneficiarios son desempleados, jóvenes, mujeres y niños.
Estos fondos han permitido financiar programas como la Beca Erasmus para estudiantes universitarios que se trasladan a estudiar a otros países, el Voluntariado Europeo que pretende fomentar la solidaridad entre ciudadanos europeos o las Becas Leonardo para jóvenes que desean trabajar en un Estado Miembro distinto al suyo.

        En el ámbito cultural, por sólo dar un ejemplo, la Unión Europea ha ayudado a financiar numerosos proyectos como la restauración del Patio de los Leones de la Alhambra de Granada, el Monasterio de Guadalupe, o la restauración tras el incendio del Teatro del Liceo de Barcelona.

        Es imposible contabilizar el beneficio que ha supuesto para España formar parte de la UE. Ser socios de esta Comunidad nos ha facilitado afrontar los nuevos retos de la globalización, situándonos en primera línea del plano político internacional. Nos ha permitido acelerar nuestro desarrollo económico y aumentar nuestra competitividad. Como ciudadanos europeos hemos adquirido nuevos derechos y se nos han abierto nuevas puertas. Hoy podemos viajar, trabajar y estudiar en veintisiete países distintos, en los que gozamos de los mismos derechos que sus nacionales. La pertenencia a la UE ha supuesto un sinfín de ventajas que serían impensables si no perteneciéramos a esta Comunidad.


El papel de España en la Unión Europea


       Desde su adhesión, España ha redefinido constantemente su papel dentro de la UE pasando de la periferia menos desarrollada a convertirse en uno de los principales protagonistas, con una fuerte y consolidada representación dentro de las Instituciones europeas, caracterizada por la constante aportación de ideas e iniciativas para contribuir a su desarrollo. Cabe destacar las aportaciones hechas por España a través de las cuatro presidencias del Consejo de la Unión Europea, entre las que se encuentra la puesta en marcha de las nuevas políticas e instituciones derivadas del Tratado de Lisboa, que entró en vigor el 1 de diciembre de 2009, durante la última Presidencia Española, que tuvo lugar el primer semestre de 2010.

        La representación española en la UE ha mantenido siempre un espíritu profundamente europeísta que ha trabajado por consolidar las instituciones europeas y en los últimos años ha empeñado todos sus esfuerzos en el relanzamiento del proceso de integración, simbolizado hoy por la entrada en vigor del Tratado de Lisboa que fue puesto en marcha bajo la última Presidencia Española del Consejo.

        España ha tenido un papel imprescindible en la toma de decisiones en ámbitos fundamentales como la Política Agrícola Común o la Política de Pesca Común, que han sido instrumentos esenciales para defender sectores clave de la economía española y que, al mismo tiempo, han contribuido a promover un desarrollo sostenible y armónico en el conjunto de los Estados.

        El sistema legislativo español ha servido como modelo para numerosas iniciativas europeas. España se ha situado en la vanguardia con una serie de leyes en diversos temas como pueden ser los transplantes de órganos o la violencia de género, con tal eficacia que la UE ha decidido inspirar las directivas relacionadas con estas materias en el modelo español.

        La política exterior de la Unión Europea ha estado presidida por Javier Solana, como Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común, entre 1999 y 2009. España ha aprovechado su liderazgo para impulsar los lazos entre la UE y América Latina y con los países del sur del Mediterráneo, a través de proyectos como el Proceso de Barcelona, la Cumbre UE-América Latina y Caribe o la creación de la Unión por el Mediterráneo.

       La participación en las Misiones Petesberg, la Operación Atalanta o el alineamiento con otros socios europeos en operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas han contribuido a garantizar la estabilidad y seguridad de la UE y a la armonización de las políticas de seguridad de los Estados Miembros, como germen de una futura Política Europea de Seguridad y Defensa autónoma.

        La España de hoy no puede entenderse sin Europa. La integración en Europa ha supuesto una nueva forma de entender la política, la economía y el día a día de los ciudadanos. A su vez, España se ha convertido en un miembro imprescindible de la UE, cuyos ciudadanos han mantenido un firme espíritu europeísta a lo largo de estos años y cuya representación política en las instituciones europeas se ha caracterizado por un papel activo y solidario con el resto de los Estados miembros.  En los próximos 25 años, se abren una serie de retos para la UE en los que España está contribuyendo activamente como  la creación de una política económica común.

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